
Hay palabras en el mundo corporativo que por su uso pierden la fuerza expresiva y se convierten en objetos de uso común que no nos permiten reflexionar sobre la profundidad de la misma. Con gran naturalidad hablamos de la relación de dependencia laboral como un estado o categoría de trabajo sin entender la magnitud e influencia que la palabra dependencia conlleva. Sin embargo gran parte de las decisiones, emociones y proyectos que desarrollamos en nuestras vidas, penden de este delgado hilo de dependencia laboral.
Ya en otro de nuestros posts abordamos las vicisitudes, síntomas físicos y consecuencias anímicas que produce una personalidad excesivamente dependiente de las relaciones de dependencia laboral. Las organizaciones con sus permanentes traslados de país e hiperespecializacion van convirtiendo al ejecutivo de hoy en una parte cada vez más pequeña de un enorme engranaje y hacen que su visión sea cada vez menos generalista para convertirlos en expertos del
detalle.
A un mayor crecimiento en la especialidad le corresponde una menor capacidad de manejo integral favoreciendo una dependencia del sistema que se convierte en el acuario de delfines donde el pescadito es la recompensa por tocar con la trompa esa meta tan anhelada.
Cumplimiento de meta que permite el ascenso organizacional que incrementará no solo el prestigio sino también la soledad corporativa y el temor a una edad en la que sea otro el que ocupe ese lugar.
La vida en las organizaciones constituye un enigma griego que requiere sabiduría en su resolución. Como gran deportista es importante saber los límites personales físicos, emocionales y mentales hasta donde se puede competir; conscientes de que siempre hay un espacio laboral donde se puede desplegar la performance en plenitud. Jugar como a los 20 años cuando se
tiene casi 50 es como entrar a una discoteca para adolescentes con la expectativa de ser aceptado. Hay muchos puestos que acompañan la evolución del recurso humano y hay capacidades que solo maduran con el paso del tiempo. Pero para ello será imprescindible una clara capacidad para entender (no digo resignarse) el paso del tiempo y las posibilidades que ello trae. Comprender nuestra insoslayable estructura dependiente que nos permita migrar hacia dependencias cada vez más capaces sin ilusionarnos con la quimera de la independencia. Nuestra conciencia en la
dependencia es la clave para ser cada día un poco más maduros en la búsqueda de dependencias adultas que favorezcan el desarrollo de la libertad y no el sometimiento a los sistemas y paradigmas corporativos
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